
El teatro La Abadía en Madrid sabiamente repone la obra La tortuga de Darwin de Juan Mayorga, uno de los autores contemporáneos más prolíficos, más premiados ( ¡Max al mejor autor en tres ocasiones!) y más representados, no hay temporada teatral en la que no contemos con sus textos originales o sus adaptaciones. En esta ocasión Mayorga nos sorprende con un personaje singular: la encargada de hacer discurrir la trama es una tortuga de doscientos años, la tortuga que Charles Darwin trajo a Europa en uno de sus viajes, que ha tenido que evolucionar hasta convertirse en mujer y a la vez contemplar todos los momentos históricos importantes que han marcado Europa durante los últimos dos siglos.
La historia promete, o al menos sorprende y crea en cualquier espectador una curiosidad que sólo se ve saciada al contemplar a Carmen Machi entrar lentamente en escena por primera vez casi al inicio de la obra. Machi es la tortuga de Darwin. Machi es Harriet (ver foto superior). Lo es de verdad. Esta genial actriz ha conseguido, saltando por encima de una televisiva Aida que parecía gigante e imbatible, mutarse en reptil, crear una concha y un pico, desacelerar su metabolismo humano y convencernos a todos los espectadores de que es una tortuga la que sobre el escenario repasa lentamente nuestra historia más reciente. La hora y tres cuartos que dura la obra es una lección de sabia actuación, de conocimiento del poder de un cuerpo de comunicar sensaciones, de uso de los recursos más sutiles que un actor tiene a su alcance para crear mundos y hacernos soñar. Es mágico poder observar una mutación tal que te envuelve en un halo de circo, de triste espectáculo decimonónico con exhibición de bestia incluida. Y en mi opinión todo es fruto del trabajo de Carmen Machi a la que, por desgracia, no le ayudan una escenografía absurda y trivial (yo diría que incluso diseñada por un claro enemigo del autor), unos personajes secundarios estereotipados, una música desconcertante y a veces una trama con peligrosos parecidos a fábulas herederas de Forest Gump: repaso histórico a través de los ojos de un afortunado y omnipresente personaje. Pero no importa, nada importa si podemos oír a la tortuga Harriet hablar, toser y atragantarse con salchichas.
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