
Cuatro han sido las representaciones de THE BLUE DRAGON que el Festival de Otoño nos ha regalado este año. Tras el éxito de LIPSYNCH el año pasado, no es de extrañar que Madrid acoja la gira mundial que el grupo EX MACHINA, liderado por Robert Lepage, realiza con esta obra. Ya he mencionado en este blog mis expectativas ante esta nueva dosis de teatro visual, cómo disfruté con LIPSYNCH y mi admiración por su director. Hoy confirmo mis sentimientos. No ha surgido la fácil decepción del apasionado. BLUE DRAGON ha demostrado cómo el personal e innovador estilo de Lepage se ha convertido en un punto de inflexión para el teatro contemporáneo, que nunca volverá a ser el mismo y cuya dirección (si existía) de necesaria evolución y desarrollo se ve impulsada desde Canadá, lugar donde los proyectos de EX MACHINA surgen.
THE BLUE DRAGON narra el encuentro entre dos viejos amigos/amantes canadienses en un país, China, y unas circunstancias que impiden que las viejas normas puedan seguir funcionado. Ya no son tan jóvenes y sus deseos han cambiado. Quieren ser madre uno y amante de una joven pintora china el otro. La vida profesional, los deseos de triunfar, de ser artista, de reinventarse en otro país no han llegado a cumplirse y a las puertas de la decepción Pierre y Claire vuelven a compartir su vida.
Aunque la historia es lo suficientemente cercana y contemporánea para conseguir que el espectador se emocione, el teatro de Lepage es un espectáculo inminentemente visual: incluso la palabra nos llega a través de la imagen, pues son los subtítulos proyectados sobre la escenografía (no fuera del espacio dramático como es común) los que nos descubren las diferentes lenguas que se oyen en los escenarios de Lepage, en este caso el inglés y el chino.
THE BLUE DRAGON contiene un espectacular paisaje icónico. La trama narrativa se ve rodeada de imágenes como la de los protagonista haciendo el amor a contraluz en una estrecha buhardilla con la lluvia torrencial asiática al fondo o la nieve que ha cubierto la ciudad de Pekín una mañana de invierno. Gracias a Lepage podemos seguir a los personajes en sus bicis por la capital china, en tren a través de las llanuras de ese inmenso país o en barco por uno de sus mayores ríos. Los personajes de Lepage, y sin duda los de THE BLUE DRAGON también, son seres en continuo movimiento, víctimas muchas veces del mismo. Sus acciones, su drama, ocurre en lugares donde este movimiento se crea: estaciones de metro, aeropuertos, paradas de autobús. La forma en la que Robert Lepage representa estos lugares es una de las principales razones por las que firmemente recomiendo al espectador curioso peregrinar a aquellos lugares donde el director recale.
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