
La omisión de la familia Coleman.
Libro y dirección: Claudio Tolcachir.
Teatro Español ( Madrid, hasta 1 de noviembre 2009) Teatro Jovellanos (Gijón, 3 de diciembre 2009).
Entrar en el universo de la familia Coleman es instalarse en mitad del salón de un vecino e invisible asistir en silencio a todas las absurdas conversaciones que lo cotidiano crean dentro de un grupo de seres que deben vivir en espacios contiguos. El acertado grupo argentino Timbre 4, y por su puesto su director Claudio Tolcachir, han creado este texto a partir de diferentes improvisaciones realizadas en su espacio-escuela en Buenos Aires. Su argentinismo es palpable, no podría explicarlo sin caer en los prejuicios, pero es este localismo el que hace del drama algo tan universal. Es evidente el enorme trabajo que tanto los actores como el director han realizado en relación con cada personaje. Todos se dibujan profundamente y permanecen en la retina del espectador después de horas de terminada la representación. Son individuos lo suficientemente originales y absurdos para mantener nuestra atención y sorpresa y a la vez su cotidianidad nos hace viajar a lo más profundo de nuestros pasados o presentes, reflejando nuestras propias desdichas.
Sentarse en el salón de la familia Coleman permite asistir a la esencia de las relaciones humanas, con sus miserias y sus alegrías, con lo que fácilmente se intuye el factor terapéutico que la obra ofrece tanto para los actores como para el espectador. Sentarse en el salón de la familia Coleman es oler la humedad de rincones donde hace tiempo que no da el sol, oir gritos, insultos, sentir caricias y ausencia de ellas. Sentarse en el salón de la familia Coleman es volver a sentarse en nuestro propio salón, desnudos, niños, frágiles. Una oportunidad para viajar a salvo a esos momentos en los que somos de nuestra familia y es difícil reconocernos en su ausencia.
Es un espectáculo para ir y dejarse llevar por esa sutil tristeza que se cuela entre las carcajadas de lo absurdo, para disfrutar de actores que tocan lo sublime con un trabajo de pequeños movimientos de manos, de sutiles miradas, un naturalismo afilado y cruel envuelto en el cómodo envoltorio de la comedia. Una oportunidad para vivir otra vida y vivir más profundamente la nuestra.
1 comentario:
Que razón tienes, la verdad que yo hacía tiempo que en una representación no me reía tanto y a la vez me estremecía con la historia.
Bss
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